jueves, 4 de julio de 2024

La educación pública y la privada: España y Colombia

El día de la transmisión de la audiencia pública. UN Manizales
(convocada por un congresista sobre reforma educación superior)
Temo poner un título demasiado serio en una entrada de blog. Mis amigxs me dirán que es una irresponsabilidad y que no se condice con mi condición de profesor universitario, pues no haré citas, ni escudriñaré concienzudamente fuentes bibliográficas para respaldar mis afirmaciones. En cambio, compartiré recuerdos de detalles y comentarios que escuché y que no dediqué tiempo a corroborar, es decir, me lo creí. Así que algunas cosas que diga tendrán un sabor a exageración, falta de experiencia, parcialización o ignorancia. Sin embargo, lo rescato como un punto de partida para debates con amigxs que quizás sí dediquen el tiempo a ello (quizás yo mismo también y a partir de ahora me lo tome en serio). Adicionalmente, lo justifica la urgencia de hablar para dialogar, expresarse sobre la situación en que nos encontramos, recién finalizando un proceso de movilizaciones en la Universidad Nacional de Colombia, consecuencia de una crisis institucional y de sentido de lo público, en la que se refleja una crisis mayor, del concepto mismo de universidad, cultivado y transformado varias veces a lo largo de ocho o nueve siglos de la tradición medieval más perdurable en el mundo moderno.

En el día del trabajo, con amigxs CIUM y transeúntxs (1/5/2024)

Entro en esta reflexión por varios caminos varias veces al día: cuando desayuno (alimentos de diferentes lugares pues viajo en este momento), alimento los pollos y gallinas del galpón (en la granja donde vivo), me transporto en tren de alta velocidad, participo de un círculo de palabra alrededor del fuego, llevo estudiantes de cualquier carrera a sembrar en un campus universitario, recorro una plaza de mercado popular cargado con un costal de frutas y verduras preguntando y regateando, diseño una ficha para que estudiantes de ciencias de la computación escriban lo que sienten y experimentan al hablar con una planta, o cuando -como la semana pasada- me encuentro con un educador, amigo de décadas, procedente de otra cultura -como es la de barrio popular de Madrid- y siento la necesidad de compartir lo que acaba de pasar en mi país, en mi universidad -la Nacional de Colombia-, donde estudié y retorne una década después a trabajar, en una sede regional -la de Manizales-. Es una conversación recuperada-reconstruida de mis recuerdos, que aconteció hace un par de semanas, recién aterrizado y con jet-lag, pero contento de verlo y recordar sus tiempos de cooperante voluntario con la ONG jesuita Fe y Alegría, en la localidad de Usme, al sur de Bogotá. Transcribo solo recuerdos relacionados con los panoramas educativos de ambos lugares y que pienso útiles para alumbrar un poco la discusión que se vislumbra en mi país, universidad y sede.

El escenario es un descampado con unas 10 mesas con sus sillas, al caer la tarde, en un bar del distrito de Usera, de Madrid, unas tres cuadras detrás del Hospital 12 de Octubre, barrio de inmigrantes latinos, chinos y de varias otras partes, entorno que nos fascina, pues uno de los aspectos más atractivos de las capitales de antiguos imperios coloniales es la reconfiguración cultural tan colorida de sus poblaciones. El estilo del bar es popular español, pero lo matizan sus clientes y empleados, entre los que el aporte latinoamericano es –me pareció- más de la mitad. Sin embargo, la distribución del espacio, el estilo de la barra y obviamente la arquitectura del barrio es típica de barrio popular español, con su chut para “tirar” las cañas, los tubos o las copas de cerveza y las tapitas de cortesía, que en esta ocasión nos tocó de aceitunas.

-    ¿Quihubo, Javier, cómo está usted?

-    ¡Ijmaaa! ¿Qué pasa, tío?

Reímos ambos, él comenta y le divierte observar que su cortesía sea tratar de saludar colombiano y yo lo salude español.

Entre el salpicón de recuerdos, pues llevamos siete años sin vernos, van y vienen también comentarios del espacio en que nos encontramos esta vez.

-    Alucino con este barrio. Acabo de hacer un minimercadito en un negocio donde puedo comprar la bombilla de mate que había perdido en Sibundoy y que no consigo en Manizales. Había todo tipo de productos paraguayos, incluso algunos colombianos: el arequipe, los bocadillos de guayaba…

-    Eso no es nada, a mí me gustaba venir aquí, al otro lado de esta avenida (señala a un par de cuadras de distancia). Aquí no es realmente Usera. Es allí donde llamaban “Usela”, porque era el barrio chino. Hay unos bares a los que vas y no ves una sola inscripción o letrero en castellano. Eso me encantaba, porque era como estar en otro país ¡en tu propia ciudad!

La conversación sobre los lugares y ritmo, y logros laborales tenía que llegar.

-    Y bueno, eso por allí por tu universidad está como un poco enredao, ¿no? Te veo en ello, pero ¿qué es lo que pasó?

-    Bueno, un poco lioso todo el proceso, pero lo que en este momento hay es una oportunidad grande de cambios en el rumbo de la universidad. El rector que acaba de posesionarse realmente está representando un modelo de universidad de estilo muy social, incluyente, muy comunitaria, que había perdido espacio hace rato. El modelo que había hace dos o tres décadas, de hacer negocios con las empresas y volver eso el sentido principal de la universidad se había metido y establecido sin que pareciera encontrar mucha resistencia. Claro que eso fue una respuesta adaptativa a la desfinanciación. Y claro, no es algo exclusivo de Colombia.


Movilizaciones en Universidad de Sevilla. ABC de Sevilla (2/8/2023)
Movilizaciones en la Universidad de Sevilla. ABC (2/8/2023)
-    ¡Uy! Aquí eso también se ha visto. No veas la de escándalos que aparecen por falta de transparencia, pero ni siquiera es que sea algo nada más de las universidades públicas, es también en las privadas.

-    Bueno, en las públicas quizás se note más, porque en España el sistema público es más grande, ¿no?

-    Sí, claro. Aquí la educación privada ha ganado mucho terreno pero es más en la secundaria, incluso primaria. El sistema de educación superior pública es bastante sólido. Bueno, es como una moda, la educación pública es buena, pero como que muchos padres piensan que si van a la privada sus hijos aprenderán más.

IED Paulo Freire. Loc. Usme. Bogotá. Imagen tomada de internet

-    Qué curioso que en Colombia, el sistema que se fortaleció en la primaria y la básica fue el público. Por ejemplo, ya Fe y Alegría, prácticamente casi no tiene colegios. Le afectó mucho el aumento de los colegios públicos en las administraciones de izquierda en Bogotá, sobre todo los macrocolegios en barrios populares en la época de Lucho Garzón. De hecho, el colegio que conociste en Santa Librada, ya no es tal, hay unos edificios que pasan tiempo abandonados y a veces han sido CEDECO (Centro de Desarrollo Comunitario), pero la dificultad de sostener esa propuesta, que fue tan emblemática del refuerzo que las comunidades religiosas prestaban al sistema educativo en Colombia, ha sido grande. No sé otras ciudades, pero me parece que ese efecto en Bogotá tuvo alguna influencia en otras partes del país también.

-    Bueno, y aquí en las universidades, ha habido también algunos escándalos por poca transparencia. En general, cuando una élite tiene acceso a generar contratos, convenios y cosas así, la participación se reduce o no se divulga bien la información.

-    Obvio, es la forma de tener gobernabilidad. En su manera de ver las universidades como empresas, tomar decisiones sin consultar es más eficiente.

Con imprecisiones, la conversación pasó también por cantidad de otros temas, familiares, personales, recuerdos, anécdotas. Luego lo invité al apartamento que alquilamos por Airbnb para que conociera a la patota que vino de paseo conmigo, y que estaban cansados aún del viaje. No salieron porque las visitas en Colombia se atienden en las casas, no como aquí, que se ponen las citas en los bares para evitar poner en demasiado compromiso al anfitrión con todo el rollo de tener que ponerlo a cocinar y demás. 

Imagen del distrito de Usera, Madrid

Hoy, que por fin me siento a escribir algunos apartes de esa conversación, para compartirla con amigxs y comunidades académicas ligadas a los cambios actuales en el sistema de educación superior colombiano, comparto también algunos titulares que acabo de repasar, buscando corroboraciones, datos y ayudas para la memoria.

Benitez, Mercedes. "Más de 200 profesores llevarán a los tribunales a la Universidad de Sevilla por los «contratos basura»". ABC de Sevilla (2/8/2023). Sevilla. https://www.abc.es/sevilla/ciudad/universidad-sevilla-ahorra-730000-euros-contratos-basura-20230802123556-nts.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.abc.es%2Fsevilla%2Fciudad%2Funiversidad-sevilla-ahorra-730000-euros-contratos-basura-20230802123556-nts.html

Delgado, Sergio. "La imparable victoria de la educación privada sobre la pública explicada en 7 cifras". El blog Salmón (16/03/2023). Madrid. https://www.elblogsalmon.com/economia/imparable-victoria-educacion-privada-publica-explicada-7-cifras

Equipo de Redacción Ciencia. "Científicos denuncian que algunas universidades están ofreciendo becas a jóvenes doctores en lugar de contratos". Europa Press (15/07/2021). https://www.europapress.es/ciencia/noticia-cientificos-denuncian-algunas-universidades-estan-ofreciendo-becas-jovenes-doctores-lugar-contratos-20210715144634.html

Ruiz, Laura. "Los investigadores denuncian que algunas universidades se quedan con parte de su salario". El Salto Diario (15/01/2024). Madrid. https://www.elsaltodiario.com/precariedad/investigadores-denuncian-universidades-se-quedan-parte-salario

Sanchez, Caballero. "España, entre los países de Europa con menos escuela pública y más concertada". El Diario (16/03/2017). Madrid. https://www.eldiario.es/sociedad/espana-europa-escuela-publica-concertada_1_3554070.html



miércoles, 26 de junio de 2024

UN: Comentarios a la distancia


Viajé a Madrid el 20 y a Londres el 22 de junio. En ese momento ya los y las vicerrectoras de la administración del nuevo rector, Leopoldo Múnera, se habían posesionado y algunos de los cargos de libre nombramiento y remoción que dependen de ellxs, como directores de bienestar, de investigación, académicos, de planeación, estaban siendo posesionadxs. Cierta emoción percibo aún en el ambiente, por la observación de equipos de trabajo a nivel nacional, y en las sedes, realmente nuevos. Es la llegada a cargos determinantes, de docentes comprometidxs con modelos sociales de universidad –es decir, orientada prioritariamente a buscar soluciones a necesidades de las comunidades-, ante la mirada incrédula de equipos salientes, a veces con actitud de revanchismo pendiente que, por su formación, o mirada disciplinar, señalan unas veces a los jueces y otras a los mercados como futuros verdugos del proceso emergente (adelantando acciones para facilitarlo, como quien compra un billete de lotería).

Veo dos movimientos que acotan, o limitan, desde lados diferentes este fenómeno, del que somos testigxs. Por un lado, la inercia de procesos que han hecho carrera en las universidades públicas (no solo en Colombia, sino como parte de tendencias internacionales) hizo pensar que el único camino posible y viable era el del mercado, es decir, el de la acumulación de méritos como negociantes de contratos y convenios con grupos económicos y empresas influyentes, que cubren los vacíos que deja la desfinanciación, generada por políticas nacionales favorables a las universidades privadas. Diferente, aunque a veces afín, es la orientación al mercado académico, desde la cual se proscribe el mercantilismo académico y se encumbran objetivos meramente científicos, pero no se aceptan otras formas de conocimiento. Por el otro lado de esta acotación, el hundimiento de las izquierdas que se desplegaron en el siglo XX, que parecía ser un proceso definitivo, ha mostrado no ser tal, sino más bien se ha convertido en un matiz indisoluble en la comprensión de las sociedades modernas. Esto se expresa en la alternancia de las derechas y las izquierdas en los diferentes países, la cual se corresponde con una oscilación en las políticas de educación superior entre orientación al mercado y orientación hacia el bien común y la satisfacción de necesidades sociales sentidas por las mayorías, o por minorías con resistencias largamente reconocidas, como los indígenas, los campesinos, colectivos LGBTiq+, afrodescendientes, habitantes de calle, personas con discapacidad, consumidores de substancias sicoactivas, personas con adicciones, etc.

En este contexto, tanto coyuntural, como de largo plazo, los conceptos de “lo público” y la “autonomía” una vez más han sido puestos en el centro de la discusión de las opiniones públicas. El concepto de “lo público”, dada la coyuntura y polarización, solo es reivindicado por quienes proponen modelos de universidad de estilo social. Es un polo de la discusión, en posición antagónica con el mercado o “mundo real” como defienden los detractores del bien común. Problemas frecuentes señalados por estos últimos –a veces caracterizados como modelo de universidad-empresa- son la ineficiencia de lo público, la corrupción de lo público, la pobreza que se deriva de lo público, la politiquería que se deriva de lo público... Los abanderados de universidades de corte social, a veces tan diversas como las universidades indígenas, o simplemente los sectores artístico, humanístico o corrientes alternativas como las medicinas orientales o la educación popular, reclamando su espacio y una posición menos desaventajada, en cambio, ven en la universidad-empresa un gigante todo poderoso a vencer, no con la fuerza de lo material, sino con la fortaleza intangible y moral de las resistencias, los discursos alternativos,  paradigmas que retan al lado dominante en algunas disciplinas. Desde esta perspectiva la universidad-empresa es la corrupción misma, en cuanto invasión de la órbita del bien común desde intereses privados que lo deslegitiman, el “realismo” no se refiere a los números de una administración, sino a la experiencia cotidiana de la gente, recurso humano, objeto administrable, que al mostrarla se rebela, propone cambios y se hace sujeto, ciudadanx, mayor de edad. Finalmente, la participación no es politiquería, sino el método de una democracia directa y transparente que urge construir, pero que no es posible sin generalización de la educación a todas las capas sociales, para cesar la manipulación y valorar sus intereses, defendiéndolos con la autonomía que el mundo moderno consagra como facultad de individuos y pueblos.

Autonomía –por lo menos en el discurso que venimos construyendo hace un par de siglos y que se erige como marca de la época moderna- se refiere entonces a la defensa y afirmación de la razón. Cuál sea el carácter, unitario o múltiple, monolítico o flexible de dicha razón, es algo que está en debate. En nuestro caso es el debate por el sentido y camino de la Universidad Nacional. Según las convicciones e intereses de los participantes y sectores de la comunidad que la conforman, los enemigos directos o potenciales de dicha autonomía son el mercado, el gobierno o la propia comunidad. El mercado para quienes lo nombran en relación con el conflicto de las universidades, está encarnado en grupos económicos orientados al negocio de la educación, o bien grupos con intereses específicos en determinados contenidos de la educación, unas veces interesados en la formación para el trabajo, otras veces interesados en evitar la promoción del pensamiento crítico (con frecuencia ambas), la ironía o contradicción en este caso es que este discurso que promueve la libertad a grandes voces la limita de hecho promoviendo la segregación de los conocimientos y empleos desde el sistema educativo. Los gobiernos son nombrados como enemigos cuando intentan intervenir el mercado, en este caso educativo, para mitigar, reducir o anular sus efectos segregacionistas que pueden constituir situaciones de injusticia o incluso, como se ha presentado el caso en Colombia, de “estados de cosas inconstitucionales” (como fue el caso hace pocos años en relación con el desplazamiento forzado, o con la desnutrición de infantes en algunos territorios indígenas). La intervención estatal en casos extremos ha sido avalada incluso por políticos con posturas que defienden el libre mercado (p. ej. A. Uribe en X.com 4/06/2020), si bien los medios de esta intervención siguen siendo materia de debate. Los más mercantilistas tienden a sugerir que lo social se aborde mediante medidas de buena voluntad, caridad cristiana, o similares, y por lo tanto sean voluntarias. Mientras que los más sociales tendemos a pensar en estas intervenciones como fruto de una deliberación responsable en que toda la sociedad se compromete unida para superar las condiciones de vida indignas y acabar o reducir ese flagelo  sobre el cual en etapas anteriores de la historia no nos hemos hecho conscientes.

En esta línea van mis conversaciones con amigxs que encuentro en el Viejo Continente. Son de mi generación, ubicadxs en otra parte y por lo tanto, permitiéndose alumbrar mi mirada desde sus lugares y desde sus situaciones y contingencias.