martes, 18 de julio de 2023

Del trópico a la Antartida: ida y vuelta

Casi me costó medio siglo caer en cuenta de quién soy, y aspectos de mí que debo a mis padres. En la vida me percato de ello por etapas. Andar con mi hermano, cuñada, sobrina, sobrino y primo, es un ejercicio de espejos múltiples que nos ofrece sorpresas y sonrisas, y quizás también algún que otro susto o preocupación momentáneas. Pero debo dar gracias a mis padres por habernos criado con tanta apertura, con la concretitud de la lucha contra la dificultad, de la disciplina diaria para cumplir con el trabajo que sacará a tus hijos adelante y con un corazón que nunca se fue del lugar del pueblo y de la vereda donde se nació. Sé que, en algún momento entendieron ellos que su tarea era levantarnos, hacernos capaces de empujar la vida hacia adelante y empujar a quienes se pueda y se dejen empujar a nuestro alrededor, para que estemos todos mejor. Mi padre lo intentó con su pueblo, Chiscas, de la misma manera romántica como tomo yo la vida y mis compromisos hoy; mi madre con el celo y dedicación infinitas que la hicieron ascender y ser apreciada y admirada en la Empresa de Teléfonos deBogotá y algunas de sus organizaciones de profesionales y pensionados.

Con Mafalda, Susanita y Manolito en San Telmo

Voy a entrar en mi segundo medio siglo con la memoria fresca, renovada, de gente de lugares lejanos que son espejos sorprendentes. Ya no solo la señora Julia (nombre cambiado provisionalmente), que conocimos en Puerto Iguazú, He visto y charlado en este viaje que luego pasó por Buenos Aires, Ushuaia (Argentina) y ahora Encarnación (Paraguay), cada día con más de cinco personas, entrando en detalles bonitos de la vida de cada uno, en admiración mutua que da la sorpresa, la diferencia: con los taxistas (en Argentina anhelando el fin del peronismo, en Paraguay soñando con el fin de la corrupción), con algunos compañeros y compañeras de viaje casuales en los terminales y en los omnibuses, con amigus colombianos en Buenos Aires y sus amigues en Casa Brandon, y también con algunos anfitriones locales (contactados por las redes Airbnb y Couchsurfing). Además de esta variedad de experiencias, intercambios cortos, a propósito, quise dedicar un tiempo del viaje a conocer al menos una fábrica recuperada, de aquellas que fueron tomadas por sus trabajadores en el año 2001, cuando tras la crisis del “corralito argentino” muchos dueños de fábricas despidieron a sus empleados, se declararon en quiebra y salieron del país1, Pero esto lo contaré en otra entrega.

Poster de exposición visitada en Casa Brandon

Este viaje por Argentina ha sido un tiempo de duelo y al mismo tiempo una oportunidad para detenerse, pensar la vida corriente, y hacerse replanteamientos. Urge reorganizar la vida cuando alguien muere. Con un esfuerzo de la imaginación, pensemos la cantidad de relaciones que quedan cortadas, de las cuales los parientes solo conocerán una parte. El velorio y demás rituales de despedida ayudan a darse cuenta de ello: se acercan de Aprotel, de Unipeteb, de Fontebo2. SI fuera alguien en mi universidad, aparecerían los fondos, los sindicatos, las organizaciones relacionadas con cada investigación. Si se trata de alguien que trabaja por contratos de obra y servicio, aparecen empleadorxs, algunos que fueron amigues también… en fin, una trama densa y compleja que cada persona teje en una vida y al morir debe destejerse para comenzar a remendarse por quienes quedamos aquí, asumiendo las tareas.

Así también son las personas que nos encontramos en el viaje. Hay tramas de vida en San Telmo, el barrio emblemático, mítico, del centro histórico de la ciudad, donde Jorge (nombre cambiado), un mesero habla en inglés y español aleatoriamente mientras sirve empanadas, protagonistas importantes en cada ciudad. Mi hermano ha preguntado por las empanadas salteñas, reconocibles porque son jugosas y la masa está perfectamente sellada para que no escape el jugo. Hoy ya fuera de Argentina, no dimos con ellas, pero en Encarnación unas empanadas chilenas han sido lo suficientemente jugosas como para parecer satisfactorias. Hay también tramas de vida en Ushuaia que conectan con el polo sur. El territorio argentino toca el vértice que une los meridianos 25 y 74, el punto extremo sur de nuestro planeta. Desde 1904, hay una base de operaciones destinada a investigación de manera permanente, en la península Antártica, donde la cordillera de los Andes termina realmente, pues esta cadena montañosa continúa bajo el mar y aparece de nuevo en ese continente gélido, donde Metallica cantó para los habitantes de las bases que son estaciones de investigación científica (por audífonos para evitar efectos peligrosos en este entorno), donde nació por primera vez una persona hace apenas 55 años, donde se libró la última contienda colonizadora de ultramar entre algunas potencias europeas y los países más septentrionales del mundo. Esta finalizó con el Tratado Antártico (1959) que prohibe reclamar territorios en este continente en adelante, e invita a la cooperación científica entre todos. Se conservan como legítimos los reclamos hechos hasta ese momento, en los que la mayor parte es de Australia (31%), Noruega (18%) y Reino Unido (17%). Sin embargo, casi la totalidad del territorio reclamado por este último, está también reclamado por Argentina y/o Chile. 

Por la carretera entre Cerro Castor y Ushuaia

También hay tramas de vida entre los colombianos prestamistas en Puerto Iguazú, de quien supimos por doña Julia y por el señor que vende empanadas en la esquina del parque del Club Deportivo Galaxia (calle Roque Gonzalez con calle República Argentina), y en sus taxistas con quienes hablamos sobre corrupción y soñamos que algún día se logre acabar, y en la guía estudiante que en el parque de las cataratas, después de que resistimos a la insistencia de varios en que contratáramos sus servicios, se acercó para recomendarnos no alimentar a los coatíes, pues se les hace un daño, particularmente las bolsas con muy peligrosas, y estos animalitos pueden hacerse agresivos por los restos de comida de cualquier humano.

Roque González fundó Encarnación

Una trama de estas tocó hoy a Samir, del Nido Colibrí, pues ante la curiosidad de mi hermano por los nombres y dispersión geográfica de este animal, lo quise consultar: en el Amazonas colombiano lo hay, en castellano se le conoce como cusumbo, en bue, es una clase de gedo, cuyo nombre específico es n+maido. Ayer en las ruinas de las misiones jesuíticas de Trinidad, ya otra vez con un clima soportable para cuerpos tropicales, oré y sentí tristeza tanto por la violencia sufrida por los colonizados locales, emparentados por lengua e historia con algunos grupos amazónicos colombianos, como por la sufrida por cada soñador igualitario que ha trabajado en busca de justicia y respeto por la dignidad humana y de los pueblos. He sentido llamado de árbol, de mate, de hoja de coca… las tramas no tienen centro y tampoco tienen fin. Cada uno de estos datos sugiere o se podría relacionar con una trama de vida diferente.

Quizás alguna de nuestras redes de relaciones, entramados de vida, llegue hasta el Parque de Montaña y Estación de Esquí Cerro Castor, a 26 km de Ushuaia, donde con mi hermano, cuñada, sobrino, sobrina y primo, llegamos al punto más extremo de nuestro viaje a terminar nuestro ritual familiar, respecto del cual no diré todos los detalles (sería hermoso hacerlo, pero ¿qué finalidad tendría?). De contar, vale la pena explicar que para quienes gustamos de viajar asumiendo sólo gastos razonables, es decir economizando recursos, ahorrando, la regla número uno es “no pagar paquetes completos”, dos: “siempre cotizar y volver a cotizar hasta saber los precios, las ventajas y desventajas de todos los proveedores del mercado”, tres: “hacerlo in situ, no antes de viajar, pues solo in situ se corrobora la necesidad de cada gasto y cada servicio”. Esto sin embargo, puede tener desventajas, pues a veces el dejar para última hora las decisiones te puede dejar sin el servicio que estabas buscando, pero puede ser un riesgo que vale la pena correr. En nuestro caso, no hubo opción: mi mamá, junto con la familia de mi hermano tenían tiquetes de avión Buenos Aires-Ushuaia que fueron aislados como reservas individuales para que el de mi madra pudiera ser cancelado. 

 

La compra había sido por internet en la página argentina de Aerolínea Argentinas. ¿Cómo fue posible hacerlo? No lo entendemos, pero así fue, y se hizo desde Colombia. Por ello, cuando se tramitó la novedad en Colombia por el fallecimiento de mi mamá, apenas se pudo separar cada persona de esa reserva, pero todo lo demás había que hacerlo en Argentina, con la posibilidad de que no se pudiera. Esto obligó a no comprar los tiquetes de mi primo y míos hasta estar seguros de que se pudiera hacer el cambio de fechas en los tiquetes de mi hermano, y esto generó que todo se hiciera sobre la marcha. Estuvo bien, en todo caso, disfruto un poco con los retos que plantea la improvisación.

En Ushuaia, esto generó que luego de un día y medio de averiguaciones, elegimos ir en Uber hasta la dicha estación de esquí, pero cuando los tres primeros de nosotros nos montamos en el primero, no sabíamos que no habría más automóviles de esta plataforma disponibles. Así que debimos esperar en Cerro Castor una hora hasta que mi hermano, cuñada y sobrina llegaron, en un carro alquilado. Una vez no consiguieron un segundo Uber, fueron a una concesionaria donde alquilaban carros y lograron uno relativamente económico por 24 horas. Fuimos un poco apretados, pero pudimos movernos con más flexibilidad ese día.

Rio Larsiparsabk en Cerro Castor

Los paquetes para visitar el parque de montaña eran costosos, uno sin esquiar y otro esquiando. Sin embargo, es desproporcionado pretender aprender a esquiar en una hora. Esto requiere de varias jornadas, mientras el cuerpo aprende a manejar su peso, el equilibrio y la forma de los esquíes pegados a los pies. Los muchachos y mi sobrina estaban un poco ansiosos con ponerse los esquíes. Fueron ellos quienes se dieron cuenta de que se podía alquilar los esquíes “de fondo”, es decir, unos que se usan en lo plano, lo cual minimiza el riesgo de caídas muy fuertes, que pudieran generar fracturas. Así que comprendido esto, no se diga más: ¡a esquiar!

Cada uno o una de nosotres cayó sobre la pista de esquí de fondo, un poco escarchada ya por la falta de nieve, varias veces en poco más de un kilómetro, hasta llegar al puente sobre el río Larsiparsabk, ahí cada uno pensó un momento en detalles bonitos de mi mamá y por último mi hermano y yo bajamos al río y hablamos con ella, pues la sentimos ahí, quedándose en el punto más al sur en nuestro camino, el punto más bello, donde nos reímos al vernos caer, vimos a los muchachos y a mi sobrina reír resbalando, trastabillamos asustados y divertidos. Dimos las gracias, animamos a seguir el camino que cada unx tenga pendiente, a sentir satisfacción por las tareas cumplidas, la felicitamos por todo lo logrado y nos alegramos juntos por ello, nos comprometimos a continuar con nuestras luchas, que son también las suyas, luego la dejamos ir siguiendo la corriente del río, pero también ella se quedó allí, en el frío hermoso de esa nieve escarchada y resbalosa que nos había hecho trampa y en el brillo de esos picos numerosos que habitan el horizonte, el cielo azul, inmenso que no termina, como los caminos de todos, los caminos familiares.

1En un libro del año 2006, de Alberto Ivern, titulado Hacerlo Posible, leí sobre varias de estas fábricas que me llamaron la atención.

2Asociación de profesionales de la Empresa de Teléfonos de Bogotá, Unión de Pensionados de la Empresa de Teléfonos de Bogotá, Fondo de Trabajadores de la Empresa de Teléfonos de Bogotá.

sábado, 8 de julio de 2023

Retorno a la Madre

Diseño original recordatorio M.V. Lozano Züñiga

[Apartamento de Cristian, julio 7 de 2023, 11 p.m.]

Sin adjetivos, ni espectáculo pese a que el publicar claramente lo es, quiero escribir al inicio de esta etapa del blog, tan olvidado como mi escritura, esta oración simple: -Se murió mi mamá. 

Camino en la selva, cerca de San José, El Encanto, Amazonas

Lo digo en contradicción. Similar quizás a la de un admirado antropólogo a quién conocí por relatos de familias amigas de San José, El Encanto, Amazonas, no personalmente (lo leí de joven, me topé con artículos suyos sobre antropología de la vida cotidiana y quise conocerlo: Horacio Calle, ahora lo conozco por sus amigxs murui, que fueron cercanos a él y ahora son cercanos conmigo). Es la contradicción de lo que tiene sentido hacer y la apariencia del llamar la atención mediante lo escrito, es decir, la lucha con la vanidad de la ciencia (¿social?). 

Quiero pasar desapercibido pero también quiero poner un grano de arena para cambiar el mundo, no ser visto, pero ser el superhéroe y el agente secreto. Y ¿qué ocurre cuando se muere la mamá del agente secreto o del superhéroe? No responderé a mi pregunta (aunque quizás ¿ya lo hice?). 

    
Cerca de las cataratas de Iguazú (Foto de M.V. Lozano Zúñiga)


    Ojalá no muchos lean esto,     pero sé que lo harán.            Afortunadamente no tiene     mucha imagen y ello le            quita un poco de                    espectáculo, pero esta            exhibición de fragilidad,        resiliencia, fortaleza                (¿fingidas?) ¿no es                    inevitablemente                        espectacular? Hace 27            años me declaré en actitud     egocentrada                           (¿egocéntrico?), para            escribir mi monografía de        grado como antropólogo.        Me sigo dando cuenta de        que la primera persona            tiene sentido, pero ese            camino conduce a no                escribir, pues lo más honesto se toca inmediatamente con lo sinceramente modesto, pero ese camino conduce a la acción que nace del corazón, no a las parrafadas en primera persona que dan la sensación de miedo a actuar, a afrontar el riesgo de querer cambiar algo de una forma realmente creativa, sin que nadie te comprenda. Nuevamente, la misma contradicción puede inmovilizar otra vez, pues ¿no es hacer algo diferente equivalente a “dejar una marca”? Y ello es en todo caso el intento de dejar huella en la historia, en algún tipo de historia. Lo contrario sería sólo seguir la pauta, el guión social de lo que todo individux debe hacer (nunca mejor utilizada esta x, pues el género no importa para el capital, aunque sí para formas de reproducción social y material más tradicionales sin fuerza hoy en el mundo moderno)... 



¡Aquí vamos Ushuaia! (Foto en Puerto Iguazú, de D.A. Lozano Zúñiga)


Se murió mi mamá (¡Basta de parrafadas!) y junto con mi hermano, cuñada, sobrino, sobrina y primo-hijo, viajamos a Ushuaia a cumplir el sueño que quedó pendiente de mi mamá: conocer Tierra del Fuego, ver los pingüinos…. Salimos de Bogotá el dos de julio (hace cinco días), pasamos por Asunción (Paraguay) rapidámente, donde aterrizó ese primer vuelo, para llegar a Ciudad del Este (Paraguay), Foz de Iguazú (Brasil) y Puerto Iguazú (Argentina), y tener ahí nuestra primera parada para conocer las cataratas de Iguazú, desde el lado argentino. 

 

Inevitable recordar ahí cuando conocí las cataratas Victoria, hace ya 17 años. 

Foto de mi archivo personal 2006

Igualmente inevitable comparar, pues ambas son caídas de agua colosales, impresionantes y la experiencia está fuera de todo cálculo previo, así como cualquier imagen se queda corta literalmente, pues no da el tamaño de una foto para la dimensión del lugar, y cualquier lente que la quiera reducir la deforma. Por otra parte, las gotas de agua minúsculas, producto del choque violento con el fondo de la caída son una sensación que ninguna cámara logra captar. Esta lluvia invertida genera un microclima que abarca las islas del interior de las cataratas y que se siente con toda su fuerza cerca de la Garganta del Diablo (video arriba) aquí en Iguazú. 

Estas informaciones pueden buscarse en internet y no tienen el carácter único de la búsqueda familiar en que estamos envueltos en este momento estos y estas seis personas viajeras que recordamos a una mamá. 

Foto de D.A. Lozano Zúñiga

En cambio, más parece único el encuentro con una mamá “complementaria” que nos sorprendió en Puerto Iguazú en El Sabroso Delivery (lugar que puede encontrarse en maps), un restaurante esquinero de techo y baranda, de construcción sencilla, en el que los tres más jóvenes del viaje insistieron en repetir cena, es decir, retornar en nuestra segunda noche ahí. El éxito: una pizza de jamón con pimientos del morrón. La pedimos tres veces y, aunque intentamos pedir más cosas para variar, era inútil: siempre alguien volvía a pedir la misma pizza. La señora que nos la sirvió, doña Juana (nombre cambiado temporalmente), con la dulzura propia de la gente de Tucumán, su provincia de origen, nos fue contando partes de su historia y nosotros de la nuestra. Cuando le contamos que mi mamá (nuestra mamá) había muerto y que tenía tiquete para ir hasta Ushuaia, y lo había perdido, y que por eso vamos hasta allá, para terminar por ella esa tarea pendiente, llevarla con nosotros y sorprendernos con el frio, el glaciar, los pingüinos y lobos marinos, como se habría sorprendido ella. 

Ella, la señora, de Tucumán, venida hace cuatro años aquí a Puerto Iguazú, conmovida no solo por nuestra historia, sino por la suya misma, nos contó que le pasó algo similar: su hijo murió hace pocos años en Tucumán, donde vivían. Después de eso fue que ella salió de su tierra y llegó aquí, y le ha ido bien, está contenta. Esto que ha logrado le habría gustado a su hijo, pero él ya no está. Entonces un poco conmovidos también, comimos lo que nos servía, agradecimos, intercambiamos datos para poder mantener luego el contacto: hijos que recuerdan a su mamá. Mamá que recuerda a su hijo. Gracias señora Juana. 

Esperando la pizza de jamón con morrón (Foto de C.D. Muñoz Lozano)