viernes, 26 de diciembre de 2014

Por qué y cómo me voy a buscar

Ahora, que ando reconstruyendo mi vida a ver para dónde cojo, qué hago, quién soy, es un nuevo viaje el camino para volver a descubrirme. Antes tuve el blog de los viajes con Antonia por Paraguay en 2013 y una lista de distribución en la que compartí con amigos las anécdotas del año que vivimos en la URSS (2009-2010, el nombre Antonia es ficticio y los lugares relacionados con ella han sido cambiados). Fueron tiempos bonitos, pero otra etapa, definitivamente. En la que estoy ahora, he decidido viajar hacia mí. El viaje tendrá tres etapas, en la primera: nada de territorios desconocidos, o por lo menos no totalmente desconocidos. A diferencia de mis últimos viajes, esta vez, quiero cumplir las promesas incumplidas y visitar a amigos entrañables a quienes hace tiempo que no veo. Esta es la primera etapa de mi viaje: A Nabusimake (César, resguardo indígena Iku), buscando a Pedro (nombre ficticio, hasta que lo encuentre y él acepte figurar en mi blog con su nombre real). También esta etapa incluye pasar por Barranquilla, donde visitaré a mi tío Salvador y a Anita, esposa de mi difunto tío Antonio. Finalmente, pasaré año nuevo en Cartagena, visitando a mi amiga Carolina (al fin he decidido poner todos los nombres ficticios, es más fácil), quien me ha ofrecido posada en casa de su familia, en un barrio popular de la ciudad. Algún momento espero tener para hacer un poquito de snorkel en estos tránsitos (imagino que en Santa Marta, camino de Barranquilla, ya veremos).

Soy educador y antropólogo, qué le vamos a hacer... No podré sustraerme a la intención de presentar contenidos que estimo que deberían ser del dominio público, que todo el mundo debería saber, porque conocerlos implica reconocer diversidades, dignidad humana, esfuerzo colectivo, dolor acumulado, sufrimiento inútil, luchas inspiradoras por hacer del mundo un lugar mejor, etc. También he tenido un poco de artista, aunque mi vena teatral haya permanecido largo tiempo sin desarrollar. Pero lo suficiente como para tener una alta valoración del conflicto como oportunidad para la creación y para la emoción humana. Por eso, no podré tampoco sustraerme a explicar conflictos complicados que puedan aparecer en mi camino. Escaparé sin embargo, de hablar de mi propio conflicto. Es para mí una época de cambios y me resulta más fácil entender lo que pasa afuera que lo que pasa adentro de mí. Y sin embargo, ambos niveles de mi experiencia están confundidos. Quien me siga podrá encontrar, entre líneas, elementos sobre mi propio laberinto. Una de mis tareas es enredarlos lo suficiente como para que la forma reste importancia al contenido. Opino que la verdad no es realmente importante, sino la presencia del otro ante mí. Es la única verdad, inexpresable con palabras. El otro que soy yo estaré ante ustedes, aunque falsificado, pues aparezco aquí solo de manera indirecta, en lo que leen. Lo que leeran no soy yo, sino un otro cualquiera, otro educador, buscando despistarlos para enseñar algo.

Del 3 al 8 ó 9 de enero, estaré con mi familia, en Tierradentro, dando a mis sobrinos la oportunidad de moverse por territorio Nasa y aprender un poco de la diversidad de nuestro país. Algo que todos los niños deberían tener la oportunidad de conocer. Es previsible que mi sobrina María Victoria quiera participar en este blog, pues con ella a veces hacemos períodicos con noticias cotidianas, a veces increibles, para divertirnos. Ella tiene 8 años. Mi sobrino David Alberto se divierte más con sus amigos en el parque, pero quién sabe, estando en un viaje a lugares extraños, hasta se anime a contar algo.

La tercera etapa de mi viaje es en el Caqueta y región de la Macarena (entre el Meta y el Guaviare), donde Ciro, estudiante de la especialización en gestión cultural, en la que trabajé esforzadamente entre el 2012 y el 2014, me invitó para conocer su lugar de trabajo y para participar en un grupo que visitárá a don Nepo (nombre ficticio), último indígena de la etnia Combepo (nombre inventado), durante cinco días, por la ribera de un río en medio de la selva colombiana.

Si luego de ello me quedan fuerzas, recorreré la carretera de la selva hasta el Putumayo, con la intención de regresar vía Colón, Mocoa y Pasto, para retomar la Panamericana, hasta mi casa en Manizales. Hay una estudiante de la carrera de gestión cultural y comunicativa que podría mostrarme un poco de Colón.

Si bien este viaje es íntimo, hacia mí, tratando de curar heridas que el 2014 me ha dejado muy hondas y que no sé cómo curaré, el celo con ocultar las identidades de mis amigos y conocidos en este diario tiene que ver un poco con protegerme incluso yo mismo, y otro poco con no lastimar a personas a quienes quiero. Las apreciaciones que se registran a la primera pueden ser sinceras pero por lo mismo pueden ser armas peligrosas y herir de por vida a alguien, por otra parte, pueden posteriormente convertirse en mentiras, pues la verdad que se dice en forma de palabras es una construcción, más aún cuando se trata de palabras que se tornan escritura. Una verdad más honda, la de la presencia ante el otro, no se puede abarcar aquí, por este medio.

Que el lector juzgue, o estime, lo que puede aprender de este nuevo invento mio. Gracias a quienes se animen a leer... Disculpen quienes identificándose con algún personaje se sientan afectados... Quienes quieran que les ponga el nombre verdadero, por favor, sólo me lo escriben por correo, o si quieren en los comentarios del blog.